MI "TECHO"
a ti Fabián...
El edificio donde vivo es de cuatro pisos. Los que habitamos en él somos la mayoría mujeres, salvo dos hombres que casi nunca están, las razones las ignoro mas es fácil intuirlas… hombres…
El dichoso edificio cuenta con un cuarto en la planta baja que, anteriormente estaba ocupado por un conserje y que ahora sirve como una especie de covacha o bodega para los que ahí habitamos.
En el segundo piso vivimos mi abuela, mi mamá y yo. El departamentito está lindo y lo mejor que tiene es un balcón con vista a un árbol hermoso. Es una jacaranda que en días de abril nos regala su color liláceo contrastando con el verde de sus hojitas y con el café oscuro de su tronco. Todavía no puedo creer que hubo un vecino, el de abajo, que quiso talarlo porque le estorbaba, ¡¿qué?! La verdad yo creo que la grandeza del árbol lo intimidaba…
En la parte de arriba del edificio están las jaulas de tendido y los lavaderos, además hay cuatro cuartos de servicio, uno para cada departamento.
El que nos corresponde consta de unos 15 metros cuadrados aproximadamente incluyendo un baño y tiene una ventana que mira a la calle aunque ya no a mi jacaranda sino a las palmeras que están en el camellón de Dr. Vértiz que por cierto, éste se ve bien bonito en las noches pues tiene poco tiempo que le pusieron unas lámparas que alumbran desde la tierra para arriba iluminando las palmeras.
La azotea es mi lugar favorito. Estando en "mi" casa hay veces en las que siento que me ahogo, aquí (abajo) todavía no tengo un lugar al que considere como "mío", tal vez el único es donde escribo esto, que está al final de un largo pasillo; aquí tengo la computadora que tiene unas estampas de florecillas pegadas, libros, mis revistas favorita (Algarabía), discos, archivos, una vela aromática rodeada de unos cuantos cuarzos blancos y rosas, y no podía faltar en mi pared mi cuadro rojo (que a la abuela todavía no le gusta, ella sigue comprando otros…). A pesar de esto me sigo sintiendo igual, entonces me subo a la azotea (allá arriba, cuarto de lavado, cuartito, al cuarto de servicio…), es ahí donde más me gusta estar (de "mi" casa).
Me gusta ver hacia el poniente cuando el Sol está por ocultarse, los colores que en el cielo se van formando, cómo se van prendiendo poco a poco las luces de la ciudad, cómo los pájaros callan y terminan su jornada. Es una calma acompañada de un ruido silencioso inexplicable.
Lo que me gusta ver hacia el norte es el cerro donde hay unas antenas. Cuando no hay contaminación, desde mi azotea puedo ver y distinguir algunos edificios como la Torre Mayor, la Torre Latinoamericana, la de Telecomunicaciones, el World Trade Center, la Torre de Mexicana, entre otros.
Debido a que hacia el oriente hay varios edificios altos y muy cerca no me es posible apreciar el panorama, aunque ya si me asomo bien, y claro, si no hay contaminación, puedo ver el volcán más bello, el Popocatépetl, no en vano ha sido tan fotografiado y pintado por grandes artistas como José María Velasco y el Dr. Atl, entre otros, éste último tiene una numerosa obra con el tema del dichoso volcán. El cerro que sí puedo apreciar es el de la Estrella…
Hacia el suroeste puedo ver una iglesia que está por eje 7 y Tlalpan, y otros edificios de por ahí.
Y en el cercano sur puedo ver la torre Kristal, la torre de Nortel en Insurgentes, el distribuidor vial (que más bien está hacia el poniente) y ya a lo lejos el Ajusco y sus cerros circundantes, así como las viviendas de por ahí, que más bien, no se ven las casitas pero sí las lucecitas que hacen un efecto como de prendido y apagado, algo así como un nacimiento.
El aire que llega ahí, a veces siento que es diferente, ideas mías ya sé, pero me gusta más respirar en la azotea.
Me puedo quedar horas contemplando hacia el cielo viendo cómo pasan los aviones, de hecho, ya he aprendido sus rutas y casi casi hasta sus horarios. Antes, por ahí de las seis de la tarde, pasaba un helicóptero que rodeaba toda la ciudad, esto lo hacía en un período de 15 a 20 minutos aproximadamente, iba por todo el perímetro del valle. Yo lo seguía con la mirada hasta cansarme, mientras, le mandaba besos a alguien tratando de ubicar su casa y creyendo que los sentía…
En invierno disfruto mucho mirar hacia el sur y más si la naturaleza me regala un buen cuadro: el Ajusco cubierto de nieve ¡Qué gran espectáculo!
En las noches claras soy una cazadora de estrellas fugaces que sólo se dignan a aparecer a finales y comienzos de año aunque una que otra se deja escapar otros días.
Además de contemplar el panorama, antes, los fines de semana que no hay nadie en el edificio, me subía con mi bloqueador y una toalla a tomar el Sol, a agarrar color.
Todo eso lo hago afuera donde se encuentran las rejas, pero ya dentro del cuarto hago otras cositas. Ahí hay una lavadora donde los fines de semana lavo mi ropa mientras escucho musiquita y me asoleo.
En el cuartito hay un chorro de ropa vieja, incluso un día me invitaron a una fiesta de disfraces y encontré de todo ahí; mi mamá y mi abuela se rieron mucho de eso y es que ¡qué ropa tan más horrible usaban!
En ese cuarto es donde pinto. Ahí tengo todas mis herramientas para pintar, caballete, pinturas, lienzos, dibujos, hojas, lápices de diferentes puntas, lápices de colores, vestimenta, cuadros inconclusos y más. Una vez me subí bien enojada, pues me habían dejado plantada, y agarré mi botella de ron y empecé a pintar una vírgen de Guadalupe. En poco tiempo yo ya estaba medio ebria y le pedí a ella, a la virgen, una señal, a los pocos minutos empezó a llover siendo que en esa época no llovía. Me salí del cuarto y me puse a bailar sola y ebria en la azotea con la lluvia mojándome pero feliz, luego creo que le hablé a varias personas, no me acuerdo qué les dije ni por qué lo hice pero fue muy divertido para mí porque hasta hablé con Lupita después de que me diera su señal…
A veces también ahí me duermo porque hay una cama bien vieja que decidieron subir. Ésta es tan vieja que un día estaba sobre ella con alguien y ¡que se rompe! ¡Qué horror! Se le rompió (o safó) una pata en plena acción, lo bueno es que no nos importó, ja.
Esas cosillas también le han dado al lugar un toque más especial porque estando ahí me pongo a recordar todos esos momentos en Mi Techo, como lo bautizó cierto hombre valiente que se atrevió a subir, a compartir.