LLUVIA
Me gusta la incertidumbre que siento antes de que llueva; cómo de poco a poco la luz se convierte en tinieblas, sentir el aire cómo se va enfriando y llega a enchinar la piel, me hace sacar suspiros que, además de llevar vapor que se puede ver blanco a causa del contraste de temperaturas, tienen nostalgia aún no sé de qué…
Todavía no llueve pero ya los pájaros, tal vez instintivamente, buscan refugio en los árboles, se acurrucan y sólo algunos cantan, como ese pájaro que anuncia la primavera (por eso es llamado popularmente Primavera.).
Me agrada mucho el canto de esa ave. A veces me cuesta concebir la lluvia sin sus trinos tan característicos, éstos siempre se oyen antes o después del agua.
Ya puedo escuchar al cielo empezar a tronar, tal como las llamadas al teatro de "primera llamada, primera…", sólo que los truenos son la voz y el relámpago los flashes y luces de estreno. En este caso no hay tres llamadas y eso para mí lo hace más interesante, esperar ansiosamente la lluvia sin saber en qué momento puede caer. Y es que hay veces en las que el cielo aparece despejado y en cuestión de minutos uno tiene que resguardarse donde sea y hacer corajes por no traer la vestimenta adecuada o por no haberle hecho caso a los sabios consejos de la abuela: "Niña: ¡Llévate un paraguas! Y tápate el pescuezo porque va a hacer frío", siendo que afuera hay un solezote brillando…
Ahora se siente más humedad, seguro es la brisa que trae el viento de la lluvia que en otro lugar cercano se dispuso a caer.
Entonces, ¡ahí está! La primera gotita de lluvia. Cruzo mis brazos al mismo tiempo que me los froto para darme calor y esperar a que poco a poco el suelo se pinte color agua y que se vayan formando pequeños charcos con los que de niña fantaseaba a que eran grandes lagos, y metía mis pies descalzos, y saltaba y salpicaba y reía y me divertía y también me ganaba uno que otro resfriado (aunque nunca me importó), y es que en la casita de Portales, en el jardín, se formaban los charcos más divertidos que he visto, largos y de diferentes formas y profundidades, además estaban rodeados de plantas, pasto, árboles, que era bastante fácil echar a volar la imaginación de una escuincla de 7 años...
Cada segundo la lluvia comienza a caer más fuerte, las gotas son más gordas y pesadas, hay unas que rebotan en diferentes superficies formando una orquesta con diferentes ritmos y melodías, no traen consigo una partitura pre-establecida, sino que son traviesas y les gusta improvisar.
¡Qué maravilla! La naturaleza no se conformó con dejar caer sólo agua líquida sino que ahora nos manda pequeños hielitos, granizos con los que también de niña les podía encontrar diferentes sabores, mis preferidos los de mandarina, ¿Quién no ha comido granizos? ¡mmm…! Éstos ya han creado una alfombra efímera color blanco.
¡Huele a tierra!, ¡huele a agua!, ¡huele a VIDA! Me gusta la vida, tal vez la mía no sea perfecta (ni quiero que así sea, qué aburrido sería…) pero el sólo hecho de poder vivir y disfrutar de estas cosas que pueden ser simples me hace vivir, RE-vivir, querer vivir, disfrutar vivir, vivir jugando, jugar viviendo, vivir sintiendo, sentir la vida.
La lluvia ha cesado. Sólo caen pocas gotas que se han quedado en las hojas de los árboles y que el viento sacude. Unos rayos de Sol se escapan y los pájaros vuelven a salir de entre sus nidos para continuar su rutina. Tendré que ir a secarme, estoy empapada de felicidad. La obra ha terminado. (abril 2006)


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